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SUFRIÓ FRACTURAS

Dijo que la hija de Anabela Lucero la atropelló con su rodado, no la ayudó, quiso huir y luego le mandó un mensaje, hecho con IA, deseándole suerte

La víctima de 32 años, Camila Barzola Iglesias, contó que ella volvía de su trabajo en bicicleta cuando fue embestida a plena luz del día por la camioneta SUV, que conducía María Pilar Lunardi Lucero, de 20 años. El padre de la joven se comunicó después con la familia de Camila solo para entregarle el número de siniestro para que se ocupe de tramitar la cobertura del seguro.

El accidente ocurrió el jueves pasado, alrededor de las 13, en el barrio Estación.
Actualizada: 02/02/2026 22:53
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Pasó hace cuatro días. Pero Camila Barzola Iglesias no puede despegar de su mente lo peor que le sucedió ese día, uno de los peores de su vida. No es solo el recuerdo lo que la agobia y no la deja dormir, sino que también es el dolor físico y la negra sensación que padeció en carne propia en ese momento. Ese sufrimiento lo siente a diario a través de breves flashes que la asaltan mentalmente desde entonces. Ella salía de su trabajo, camino a su casa, en bicicleta cuando en una esquina del barrio Estación una flamante camioneta SUV la atropelló. “No frenó, yo fui su freno”, afirmó la mujer. Sintió el golpe seco, la vista se le nubló y un fuerte ardor le recorrió el cuerpo. “¡Me estoy quemando!, ¡me estoy quemando!”, alcanzó a alzar la voz, para que alguien la ayudara. El fuego no le carcomía la piel, pero así sintió y siente todavía las raspaduras cuando su rostro y su cuerpo se restregaron violentamente contra el asfalto caliente.

Entre las pocas imágenes que pudo captar su visión, la de alguien aturdida por el dolor, vio a un joven y a una chica que la auxiliaron. También pudo advertir que nadie descendió de ese bulto blanco que la embistió. Es más, logró percibir que el rodado hizo marcha atrás mientras los vecinos le gritaban a quien conducía que no escapara, que diera la cara. La víctima luego supo que quien manejaba era María Pilar Lunardi Lucero, la hija de la exdiputada albertista Anabela Lucero, ya imputada por varios delitos de corrupción durante el gobierno anterior.

Barzola Iglesias se quebró el brazo derecho. Tiene tres fracturas en el radio. El jueves, apenas fue ingresada al policlínico regional de Villa Mercedes, fue intervenida quirúrgicamente por esa lesión. El jueves volverán a operarla y le colocarán una prótesis. Su familia movió cielo y tierra para contar con esa pieza este lunes, porque la fecha de la cirugía ya está programada y no la pueden mover.

La vida de la mujer de 32 años ya no es lo que era. No duerme. No puede bañarse. No puede valerse por sí misma para hacer muchas actividades que antes sí. El accidente no solo la afectó en lo físico, sino también y, lo que es peor, en algo que tampoco puede controlar: en el plano psicológico. “Voy a estar un mes en recuperación para volver a trabajar y otros tres meses más para poder hacer alguna fuerza. Sé que me voy a recuperar. Pero tengo los gritos, los sonidos, el golpe, las sirenas en la cabeza”, comentó. A causa de ese choque que revive todo el tiempo y le quita el sueño está sedada todo el día.

Camina Barzola Iglesias fue operada hace cuatro días y será intervenida en otra cirugía el jueves.

“Me duele todo, tengo gran parte del golpe en la cara porque aterricé con el rostro”, señaló. Pero también tiene lesiones en la espalda, razón por la cual la tiene repleta de gasas, que Andrea, su madre, le cambia para limpiar las heridas, en los brazos, las piernas y otras zonas del cuerpo que no se pueden ver.

El otro gran dolor que sufre la víctima lo causa el accionar de la hija de Lucero. Siente que la atropelló, la dejó tirada e intentó irse como si no hubiese pasado nada, como si la vida de Camila no valiese nada. “Lo dicen las cámaras y los testigos, no lo decimos nosotros, que no se hizo cargo ni siquiera de socorrerla. Los mismos testigos decían que ella (Lunardi Lucero) permanecía dentro del auto, mientras mi hija gritaba ‘me estoy quemando’”, remarcó su madre.

“Nunca frenó, el freno fue mi cuerpo. Lo descorazonada e inhumana que es ella en ver a una persona tirada en el piso y no ayudarla…”, expresó la víctima, sin todavía poder creer la reacción de la joven.

Mucho menos le cabe en la cabeza lo que sucedió después. Camila no conoce la cara de la hija de Anabela Lucero, pues nunca se bajó a auxiliarla y tampoco se acercó al hospital para preguntar por ella, pero sí le envió un mensaje. Uno que la mujer prefiere no haber recibido nunca, porque la desvalorizó aún más.

“Pasadas las veinticuatro horas yo recién recibo un mensaje de ella, hecho con inteligencia artificial (IA). Hablaba de que tuviera suerte con el seguro, o algo así”, reveló. Eso realmente le dolió. “Yo esperaba una disculpa sincera, no un mensaje copiado y pegado. Nunca se hizo cargo del daño físico ni psicológico. Esperaba otro tipo de reacción de la familia y de su parte y no la encontré”, manifestó con la voz de alguien desganada.

Andrea tomó ese mensaje como una burla, un chiste de mal gusto que les hubiera gustado que la conductora de la Flastback no hubiera mandado. “Inclusive nos llega después de que yo le manifestara al padre (de apellido Lunardi) mi malestar y mi enojo”, agregó. “Usted tiene a su hija sentada y durmiendo. Bueno, yo tengo a mi hija sedada, lastimada y quemada”, le recriminó al hombre, quien se comunicó varias veces por teléfono para hacerse cargo del accidente y después se presentó en el policlínico. No fue para preguntar cómo estaba Camila, sino para decir que él asentaría la denuncia y hacerles saber el número de siniestro, para que después la familia de la víctima se ocupe de tramitar todo lo relacionado a la cobertura de la empresa de seguros.

La mujer fue embestida cuando salía de su trabajo y se dirigía a su casa en su mountain bike.

El choque que dejó a Camila en ese estado ocurrió entre las 13 y las 13:24. “Hice el recorrido de siempre. Venía por General Paz (de sur a norte) y antes de llegar a la calle Corrientes veo que, donde está la zapatería, venía un auto blanco”, recordó. Era la flamante SUV de la hija de la exdiputada, que circulaba por Corrientes, de este a oeste.

“Yo estaba cruzando y veo que, a la altura de la bocacalle, ese mismo auto lo tengo en frente. Nunca frenó. Sentí solamente el golpe”, contó. No pudo precisar cómo cayó de su mountain bike, pero sí que lo hizo con la cara contra el asfalto. “Me acuerdo de que estaba en el piso, que se me acercó primero un chico en moto y una chica, Belén, que me acompañó en todo el proceso”, rememoró a pesar de tener la vista borrosa y no lograr respirar. La mujer se tocó la cara y las manos se le llenaron de sangre. Fue, entonces, cuando comenzó a sentir “fuertes dolores”.

En eso “vi que el auto se empieza a hacer para atrás hasta llegar a la esquina y gritos de los vecinos diciendo que se estaba yendo, que lo frenaran”, narró. El padre de la conductora de la SUV luego trató de convencer a la familia de damnificada que su hija había movido el Fiat porque “alguien de tránsito, un policía, se había acercado a decirle que corriera el vehículo”. Los papás de la víctima saben que eso no fue así, que lo que afirmaba Lunardi era una mentira, por lo que le aseguraron los testigos.

De acuerdo con lo que pudieron averiguar después, descubrieron que hacía muy poco que la joven que la atropelló obtuvo su licencia para conducir. La usó para estar al mando de la Fiat Fastback Turbo, cero kilómetro, una llamada SUV, ese vehículo híbrido que es más grande que un auto, pero que no llega a ser una camioneta del todo.

“¿Qué pasa si esta chica viene de bailar y atropella a una persona que sale de trabajar y  no hay nadie que la socorra? Si a la una de la tarde hizo lo que hizo, ¿qué sería a la madrugada viniendo de un boliche bailable?”, planteó molesta Andrea.

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