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Sabores, orgullo y trabajo en familia: los frentistas de Calle Angosta cerraron el festival con un balance positivo de ventas

Fueron más de 40 los vecinos que ofrecieron todo tipo de propuestas gastronómicas como choripanes, empanadas al disco y papas fritas.

Foto Nahuel Sanchez
Los frentistas de Calle Angosta cerraron el festival con un balance positivo de ventas.
Actualizada: 03/02/2026 13:30
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Por Rocío Ojeda

Los frentistas que viven sobre la calle más famosa de Villa Mercedes expresaron, desde el interior de sus viviendas, su felicidad tras formar parte de una nueva edición de la fiesta que congregó alrededor de 100 mil personas en cuatro noches.

Héctor López, uno de los protagonistas, resaltó el éxito del festival y expresó su alegría por poder participar junto a su familia. “Es un negocio donde trabaja desde la abuela, hasta las tías y los primos”, dijo y añadió: “En estas noches que han pasado, es impresionante la cantidad de gente que se vio, hace mucho no lo veíamos”.

La casa de Héctor López se convirtió en un lugar de encuentro y gastronomía. (Nahuel Sanchez)

La casa de Héctor López se convirtió en un lugar de encuentro y gastronomía. (Nahuel Sanchez)

Cada año la Fiesta Nacional les brinda la oportunidad a quienes viven sobre la propia Calle Angosta de poner en sus casas un puesto gastronómico sin costo. Asimismo, reciben un control desde el municipio para corroborar que tengan todo en condiciones y de esa manera poder llevarlo adelante.

“Es importantísimo que nos den la oportunidad de trabajar a quienes vivimos acá todo el año”, señaló López.

Ofrecieron empanadas caseras al disco, choripanes, papas fritas, sánguches de vacío y otras opciones.

Los frentistas ofrecieron desde empanadas al disco, hasta choripanes. (Foto Nahuel Sánchez)

Los frentistas ofrecieron desde empanadas al disco, hasta choripanes. (Foto Nahuel Sánchez)

Entre las bebidas que vendieron, la mayoría tenía el famoso “pritiado”, que es una mezcla entre vino tinto (habitualmente en formato tetra brik) y gaseosa de limón como la de la marca Pritty, de donde surge el conocido nombre.

Además de visitantes de distintas partes de Argentina como Mendoza, Córdoba y Buenos Aires, los frentistas también recibieron a personas de España e Italia. Eso demuestra que tanto el festival como la famosa callecita de una vereda sola trascendió y su nombre e historia llegó al otro lado del mundo.

“Ayer estuvo un italiano comiendo un choripán y le encantó. Le llamó la atención mi casa por lo rústico”, reveló Sergio Yuman, otro de los vecinos.

Agregó que el hombre conocía la cueca de la Calle Angosta y pudo vivir en carne propia lo que describe la canción.

“Fue algo inesperado, sentís que se te sale el corazón del pecho al ver que alguien de tan lejos comió en nuestra casa”, aseguró.

Sergio Yuman junto a su familia. (Foto Nahuel Sanchez)

Con música festiva de fondo y desde muy temprano, otra de las frentistas, Mónica, junto a su familia, prepararon el patio de su casa para esperar a la gente que, a medida que caía la noche, se fue acercando.

Durante las cuatro jornadas realizaron un gran esfuerzo y trabajaron por muchas horas cada velada. “Dormí solamente dos horas, porque por ejemplo anoche estuvimos vendiendo hasta las 6 de la mañana”, señaló y agregó que desde la tarde la gente se acercó para encargarles comida.

En relación al primer día que desbordó de gente por la presentación del Chaqueño Palavecino, contó que a las diez de la noche ya se quedaron sin empanadas, porque no contaban con tanta concurrencia, considerando que era día de semana.

El patio de la casa de Mónica y su familia se llenó de gente. (Foto Nahuel Sánchez)

La propuesta de los frentistas no es simplemente colocar un puesto de comida, ellos abren las puertas de sus casas para recibir con calidez a cada visitante. Algunos colocan sus sillas y mesas para brindarles mayor comodidad.

“Queremos que la gente que entre a nuestra casa se sienta como de nuestra familia”, aseguraron.

Vivir sobre la Calle Angosta, que como dice la famosa cueca “en los Álamos comienza y en el Molino termina”, es un gran orgullo para los vecinos.

“Yo me crié acá y la verdad que es hermoso. Junto a mis hermanas que es con quienes pusimos el puesto, se nos ponía la piel de gallina cada vez que escuchábamos las guitarras que sonaban en el escenario, porque se vienen muchos recuerdos”, transmitió Vanina, otra de las frentistas con las que conversó El Chorrillero.

Una edición con gran éxito en las ventas

En cada sector del predio donde estuvieron los diferentes comerciantes hubo un importante movimiento económico. En el caso de los frentistas, la mayoría vendió entre 100 y 200 docenas de empanadas y más de 300 choripanes por noche.

Para que toda la familia pueda cenar en el festival, los precios que colocaron fueron accesibles. Por ejemplo: una docena de empanadas rondó en los $7 mil, mientras que un cono de papas fritas $5 mil.

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EN PORTADA EL CHORRILLERO

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