El mapache que cuenta calorías: cuáles son los riesgos de dejar que una app controle la dieta
Especialista en Nutrición alerta sobre el uso de aplicaciones que controlan lo que come el usuario, envían notificaciones con alertas y, además, le permiten al usuario elegir cuántos kilos desea bajar y en qué tiempo.
El mapache que cuenta calorías: cuáles son los riesgos de dejar que una app controle la dieta
Por Astrid Moreno García Dione
Un mapache simpático promete en redes sociales ayudar a bajar rápidamente de peso. Una mascota virtual que, con un rostro inocente y una propuesta simple (contar las calorías consumidas con solo mandar una foto del plato) plantea, sin embargo, un juego peligroso. El mayor riesgo es su popularidad en redes como TikTok, especialmente entre adolescentes, un grupo con mayor vulnerabilidad a desarrollar Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA).
“Así estaba antes”, dice una voz genérica mientras muestra una foto frente al espejo y la compara con una imagen actual. El supuesto secreto del cambio es BitePal, una aplicación de Inteligencia Artificial que registra las calorías ingeridas a partir de una foto del plato. La suscripción anual es económica y su uso parece sencillo.
“El primer análisis es preguntarse por qué buscan el acompañamiento en una aplicación y no pueden confiar en un profesional. Esto a veces pasa porque se sienten juzgados por lo que les va a decir el especialista del otro lado y entonces se quedan con estas versiones online. Por eso hay que hablar con los chicos”, planteó la licenciada en Nutrición Araceli Vallone.
Vallone sumó que, desde el inicio, es cuestionable el método que utiliza la app para hacer el conteo de los alimentos. Además, el uso de calorías sin contemplar el valor nutricional del alimento en sí tampoco resulta beneficioso para el cuerpo.
El mapache, que envía notificaciones con alertas, invita desde el principio a descargarse la app con una frase controvertida: “Construye salud comiendo hábitos. Es fácil y divertido”. Pero ¿cuál es el riesgo de tomar la alimentación como si fuera un juego, al estilo Candy Crush?
“Los problemas empiezan con la restricción. Porque, en definitiva, las calorías son un número absoluto. Yo puedo comer mil calorías en galletitas dulces o facturas, y también en frutas, verduras o carnes. Estas aplicaciones no pueden contemplar que no somos máquinas a las que se les pone una cantidad de calorías y funcionan a lo largo del día”, advirtió.
Y agregó: “¿Qué pasa si se exceden en calorías? Empieza la culpa, porque no estoy haciendo las cosas como corresponden. Y más en una edad como la adolescencia, donde es tan riesgoso que esto, si se dan las condiciones necesarias, desencadene un trastorno alimentario”.
Al ingresar, BitePal solicita datos personales como medidas, altura, peso, edad y nivel de actividad física. Luego estima el Índice de Masa Corporal (IMC) y le pregunta al usuario cuál es su objetivo: bajar, aumentar o mantener el peso. En caso de elegir la disminución, permite incluso establecer cuántos kilos se quieren reducir y en qué lapso de tiempo.
“No se le puede exigir al cuerpo algo que quizás no pueda hacer en los tiempos y formas elegidas arbitrariamente por el usuario. Una persona que tiene un peso adecuado y una composición corporal estándar, y juega con estas aplicaciones, no va a poder bajar de peso”, explicó la nutricionista. Y destacó que, en el corto plazo, puede que la aplicación promueva un objetivo que se logre, pero si se obtiene a partir de desarreglos, no termina siendo beneficioso.
La aplicación incorpora recordatorios y mensajes orientativos mediante notificaciones y alertas en el celular. Además, ofrece herramientas de seguimiento que permiten observar la evolución del proceso, como cambios en el peso, la frecuencia de uso y la regularidad de las comidas.
“En la alimentación es importante tener conciencia, pero no control. Porque esta última palabra implica volver a hablar de lo que, supuestamente, está bien, lo que está mal, los permitidos. Son todas terminologías que se relacionan con una mirada restrictiva. En cambio, si uno va tomando más conciencia de lo que come y elige a lo largo del día, es mucho más amable”, explicó Vallone.
Una comida que no se ajuste a los parámetros de lo considerado sano no condiciona automáticamente el resto del día. La clave, según la nutricionista, está en elegir desde la observación y no desde la culpa. No se trata de pensar que, por haber consumido algo “poco saludable”, es necesario saltear la cena, limitarse a una fruta o restringir la ingesta para compensar. Esa lógica de castigo queda por fuera del enfoque que propone registrar y comprender los hábitos alimentarios.
En relación a la lectura de etiquetas y los sellos negros de advertencia, ocurre algo similar. En algunas personas, lejos de informar, pueden generar obsesión o malestar. Ir a comprar un producto que presenta sellos requiere un nivel de educación alimentaria que no siempre está garantizado.
“Las etiquetas son una herramienta de doble filo. Bien usadas pueden ayudar un montón, pero hay personas que son susceptibles a desarrollar conductas alimentarias que no son saludables. No por decisión propia, sino porque forma parte de una cuestión mental que está sucediendo y que cuesta mucho manejar”, aclaró.
Más allá de si las aplicaciones contemplan o no la presencia de estos sellos, el foco vuelve a estar puesto en la cantidad y la frecuencia de consumo. No es lo mismo incorporar ocasionalmente un yogur con un sello de exceso de azúcar que consumir un paquete entero de galletitas. La diferencia no está solo en el producto, sino en el vínculo que cada persona establece con ese alimento.
“Yo no recomendaría que se utilicen este tipo de aplicaciones. Para la población en general, no lo recomiendo. Y, en todo caso, tendría que ser para mayores de 21 años. Esto no quita que una persona adulta no arrastre un trastorno de la conducta alimentaria durante muchos años y que en la adultez también esté presente. Pero no me gustaría que los chicos estén expuestos a este tipo de manipulación”, concluyó.