Condujo ebrio, pasó un semáforo en rojo, atacó a policías, dañó patrullas, pero arregló en la Justicia pagar todo con hojas A4 y guantes de látex
Wilfredo Funez, de 37 años, manejaba una motocicleta con 1,68 gramos de alcohol en sangre. Cuando un grupo de efectivos lo vieron cruzar el semáforo, le ordenaron que se detuviera, pero él intentó fugarse. Lo interceptaron y comenzó a amenazar, insultar, atacó los móviles policiales y lesionó a un oficial.
En una noche nomás a Wilfredo Funez parecía que la Justicia le echaría encima, no todo el Código Penal porque sería exagerado, pero sí dos o tres imputaciones, además de algunas multas municipales y el secuestro de su moto. El viernes 6, pasado en alcohol como estaba, se subió a su motocicleta y salió a las calles de Villa Mercedes. En una esquina de los límites que separa los barrios Aviador Origone y El Criollo, en plena avenida Presidente Perón, cruzó un semáforo en rojo. No se accidentó, hirió o mató a alguien de puro milagro. Unos patrulleros lo advirtieron y lo siguieron, ordenándole que detuviera la marcha. Pero nada. Siguió. Finalmente, cuando los policías lograron alcanzarlo, el conductor que apestaba a alcohol se les paró de frente. Según informó Relaciones Policiales, insultó, amenazó a los uniformados y no dejó todo en palabras elevadas de tono. Dañó a golpes algunas patrullas y lesionó a uno de los efectivos.
Lo detuvieron. Estuvo algunos días en el calabozo de una comisaría y cuando fue llevado a los tribunales, por segunda vez, para que definieran si seguiría el proceso penal en su contra y qué destino inmediato le esperaba, descubrió que, al final, pareció no ser tan grave lo que hizo hace una semana. Su defensora llegó a un acuerdo con la Fiscalía para que Funez repare todo el daño causado entregando a una comisaría hojas tamaño A4 y unos guantes de látex. Una vez que cumpla con esa parte del trato será como si nunca hubiera tenido un problema con la Justicia.
Lo más pesado que tuvo que soportar fue la estadía en la seccional, pero el hombre de 37 años la sacó barata. Gracias al nuevo sistema con el que se maneja la justicia provincial que, en determinados delitos, prevé acuerdos entre la parte damnificada y la afectada la Justicia termina resultando apenas una mediadora. Pues hasta con dinero, y sobre todo con dinero, si la o las víctimas lo aceptan, se puede negociar y ponerle punto final a una causa penal.
El hombre de 37 años cuando fue detenido la noche del viernes pasado.
La reparación a la que arribaron la fiscal adjunta, Laura Parisi y la defensora oficial Ximena Bertoli consiste en que Funez cumpla “con la compra de hojas resmas A4 y guantes de látex destinados a una comisaría” por los siguientes meses. En ese tiempo, además, debería presentarse del 1° al 10 de cada mes hasta que complete la entrega total de materiales a la dependencia.
Esa será su manera de subsanar lo que, en principio, pudo valerle un juicio. Cumplida esa reparación integral las imputaciones por “atentado a la autoridad agravado por poner manos en la autoridad en concurso real con daños agravados por ser bienes del estado” serán parte del pasado pisado.
Funez violó normas de tránsito, municipales y de otra naturaleza el viernes, alrededor de las 23. A bordo de su moto no paró ante un semáforo en rojo en Presidente Perón y Zavala Ortiz. Continuó su camino. Los primeros en notar la falta fueron los patrulleros de la División de Respuesta Inmediata Motorizada (DRIM). Salieron detrás de él, le hicieron señales y le exigieron que frenara. Pero no, el motociclista no quiso saber nada con eso. Con el apoyo del personal del Comando Radioeléctrico y de la Comisaría 36° consiguieron interceptarlo.
“Al intentar identificarlo, el conductor se tornó agresivo, amenazó e insultó a los uniformados y comenzó a golpear tanto a los efectivos como a móviles policiales, causando daños materiales”, informaron los voceros de Relaciones Policiales. Uno de los oficiales tuvo que ser asistido por personal médico del Sempro. Sufrió, por suerte, solo lesiones leves.
Cuando lo trasladaron a la comisaría, los inspectores municipales de tránsito le hicieron el test de alcoholemia. Tenía 1,68 gramos de alcohol corriendo por sus venas. Como si fuera poco tampoco tenía los documentos de la moto con la que salió a violar la ley. Por eso se ganó un par de actas municipales y el secuestro y traslado del vehículo al Corralón Municipal.