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POR MARINA RUBIO

“Yo lo amaba y hasta hoy lo amo”, dijo Brisa sobre Maxi cuando contaba cómo lo mató

Declaró lo que sucedió el 21 de diciembre de 2024. Afirmó que su pareja se enojó porque ella se oponía a que llevara a su hijo a la cancha y comenzó a estrangularla. Relató que, sin ver lo que era, tomó un cuchillo y lo movió de un lado a otro para sacarse al joven de encima. Nunca usó las palabras “apuñalé”, “clavé”, “maté” o “matar”. “Maxi, lleváme con vos”, dijo que le pidió cuando una médica le confirmó que había fallecido.

Brisa Brizuela, de 22 años, luego de declarar. No aceptó responder las preguntas de los fiscales ni del abogado de la querella.
Actualizada: 16/02/2026 01:30
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Por Marina Rubio

En medio de su declaración, de casi media hora, defenestrando a la víctima, Brisa Gianella Brizuela, acusada de asesinar a su pareja Maximiliano Nicolás Brizuela, habló sobre lo que sucedió el 21 de diciembre de 2024 en su casa del barrio La Ribera de Villa Mercedes. En su relato siguió colocando en el rol de violento al joven y ella no salió de su lugar de persona sufrida.

Contó que, como muchas otras veces, ese día discutieron. El motivo era que él quería llevar a su hijo pequeño a un partido de fútbol y ella se negó. Aunque quedaron en que una hermana de la imputada lo acompañaría para cuidar a la criatura, Maxi no se calmó, sino que descargó toda su bronca contra Brisa, aseguró.

La tiró sobre la mesada de la cocina y empezó a estrangularla. Dijo que ella solo quería sacárselo de encima y tomó lo que pudo tantear a su lado. No vio lo que había agarrado y simplemente empezó a hacer movimientos al aire, de un lado a otro, con ese objeto que, según sus palabras, no sabía ni qué era.

Nunca mencionó que lo apuñaló, ni que le clavó eso que después vio que era un cuchillo. “Yo estaba hecha una bolita en el suelo y él seguía pegándome”, relató, a pesar de que, de acuerdo con su propio testimonio, su pareja ya estaba gravemente herida y peleando por vivir. “Maxi, levántate. No me podes dejar. Lleváme con vos”, sostuvo que le pidió llorando, cuando la médica que lo revisó le confirmó: “falleció”.

Fue clara en casi todo su testimonio. Casi. Excepto en la parte en que le hundió el cuchillo al padre de su hijo hasta su corazón. Omitió decirlo. Solo hacía énfasis en que sentía que se ahogaba y él, agonizando como estaba, le seguía “pegando”.

Narró que el 21 de diciembre en cuestión, como todos los sábados, la víctima de 26 años tenía que jugar al fútbol. “Yo tenía que trabajar —llegó a decir y en el público se oyeron leves risas y la pregunta de alguien: ‘¿cuándo trabajó?’ —Y ese sábado no lo podía acompañar”.

Entonces, otra vez disparó contra la familia de Maxi. Remarcó que ella era la única que lo apoyaba, alentándolo en la cancha y comprándole los botines hasta cuando veía que “se le rompía apenas la puntita de uno”.

La acusada solo aceptó contestar las preguntas de una de sus abogadas, Marcela Antequeda.

Pero ese sábado, en particular, tenía que preparar empanadas para poner a la venta el domingo. “Él se quería llevar a mi hijo a una cancha, en la que ese día iban a haber diez partidos. ¿Con quién se va a quedar el bebé?”, contó sobre el porqué de esa nueva discusión en la pareja.  “Andáte vos si querés”, dijo que le contestó a Maxi, pero ella quería “cuidar la integridad física” de su hijo de dos años, al momento.

“Me reclamó… —sollozó e hizo otra breve pausa —Me dijo (Maxi) que todas las mujeres éramos unas hijas de pu..”. Y aclaró que sabía por qué se le recriminó. “Yo no le estaba negando el hijo. Jamás le prohibiría que estuviera con su hijo”, manifestó con la voz hecha casi un hilo. “Mi hermana decide ir a la cancha para cuidarlo (al bebé) y hasta le prestaba la moto para calmarlo a Maxi porque estaba enloquecido”, agregó sobre la víctima, a quien todos los testigos describieron como una persona super tranquila y buena gente.

Su hermana, Sharon, salió a buscar su moto y la acusada se quedó en el comedor, aseveró. Pero, según ella, el hombre no se calmó, sino que se quedó con las venas hinchadas de la bronca. “¿Viste, hija de pu…? Se va a hacer lo que yo quiero”, mencionó que le dijo el joven.

“Usó palabras muy hirientes, muy fuertes. Como que todas las mujeres somos unas hijas de pu.. porque yo le estaba negando el hijo. Yo sé porqué lo decía. Maxi no tenía únicamente a mi hijo. Tiene un varón de siete años”, tiró esa supuesta revelación y lloró. Pero no generó en el público, del lado de los familiares de la víctima, ni una pizca de asombro. Nadie le creyó.

“Me agarró del cuello, me tiró contra la mesada, la pileta, y empezó a golpearme. Me estaba agarrando del cuello tan fuerte. Yo quería sacármelo de encima y no podía”, narró. Refirió que él era más alto que ella y tenía más peso. “Agarré un bate (de béisbol) para poder sacármelo de encima y él me lo quitó, lo tiró y me siguió golpeando”, afirmó.

Luego, según su versión, comenzó “a manotear para todos lados” para tomar algo, lo más cercano que tenía. Y consiguió algo. “Yo no sabía lo que había agarrado, con todo mi cuerpo tirado sobre la mesada, manoteo algo. Ni yo sabía qué era. Y empiezo a hacer esto”, declaró y graficó con su brazo derecho movimientos de izquierda a derecha con “eso” que sujetaba con la mano. “No me había dado cuenta de que le hice una herida”, aseguró con un ligero gimoteo que predominó en casi todo su testimonio, además de un llanto cada dos por tres.

“Me seguía pegando. Yo me había hecho una bolita y ahí me veo la mano y me doy cuenta de lo que tenía”, dijo. Era un cuchillo con sangre. Sorprendentemente, de acuerdo con su historia, el joven apuñalado, desvaneciéndose por la gran cantidad de sangre que derrochaba segundo a segundo, perdiendo también la conciencia, continuó golpeándola. “Me seguía pegando. No paraba de darme golpes en la cabeza” y, en un momento, sintió que él la soltó.

“¡Ay, ay, Maxi!”, gritó Pilar, la madre de la acusada, cuando vio a la víctima parada como podía, pero con el torso bañado en sangre. “Cuando me levanto veo a Maxi lleno de sangre —lloró e hizo otra pausa —Se llenó de gente. No sé quién me ayudó, pero le levantamos la remera y le vimos la herida”.

“Maxi, levántate, por favor, levántate. Está nuestro hijo ahí afuera. Levántate”, detalló que le dijo entre lágrimas. Su pareja, moribunda como estaba, quiso decirle algo, pero no pudo. Describió que vio que comenzó a vomitar y pusieron su cuerpo de costado para que no se ahogara. El llanto de Brisa, en esa parte del relato, no cesaba.

Escuchó que había llegado la ambulancia. “Mi mamá me preguntó si me iba a ir en la moto o en la ambulancia (al hospital). Yo estaba bañada en sangre”, declaró. Con el supuesto amor de su vida, tendido en el patio de su casa, luchando por vivir, dando sus últimas bocanadas, ella decidió cambiarse la ropa ensangrentada. “Cuando salgo del baño veo que le hacían reanimación y mi mamá me hace a un costado para que no viera”, narró.

Alguien, no sabe quién, le preguntó la hora. “Falleció”, le comunicó la médica del Sempro que trató de salvarle la vida a la víctima. Era demasiado tarde, había perdido mucha sangre en una hemorragia incontrolable denominada “shock hipovolémico”.

“Yo me quiero ir corriendo para estar con él. ‘No me dejes. ¿Por qué?’. Yo gritaba: ‘¡Maxi, levántate! No me podes dejar. ¡Llévame con vos’!”, declaró y el mini río de lágrimas seguía corriendo por sus mejillas. Dijo que, aunque él la maltratara, ella estuvo seis años con él por las continuas promesas suyas de que todo iba a cambiar. “¿Por qué seguí con él? —preguntó y se respondió— Yo lo amaba y hasta el día de hoy lo amo”. Afirmó eso y lloriqueó por última vez.

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