VILLA MERCEDES
El padre de Brisa dijo que nunca le cayó bien Maxi Chávez y que su hija siempre fue violenta, pero “jugando”
Dante Brizuela declaró con total naturalidad que la acusada la golpeaba y confirmó que ella una vez le hizo sangrar la nariz de un codazo, pero todo fue en el contexto de un juego. Justificó su personalidad agresiva diciendo que fue el varón que nunca tuvo. “Jugábamos al fútbol, nos tirábamos al suelo, yo le pegaba una patadita para que se enojara y así”.
De acuerdo con lo que relató ante el tribunal de Villa Mercedes que juzga a su hija, si fuera por Dante Ernesto Brizuela habría que borrar varios artículos del Código Penal y dejar de considerar delitos ciertas acciones. El padre de Brisa Gianella Brizuela, acusada de asesinar a su pareja Maximiliano Nicolás Chávez, fue uno de los más de 30 testigos que declararon en el debate oral. Habrá pensado que con su testimonio ayudó a la imputada, pero más bien se hundió junto a ella. Arrancó diciendo que la víctima nunca le cayó bien. No dio motivos claros del porqué, solo repitió que la pareja que formaba con su hija “nunca le cerró”. “Él era muy nervioso”, apuntó. Agregó que, desde que empezaron su relación, Brisa siempre sufría dolores, aunque luego aclaró que eran dolores naturales “de riñones, espalda o huesos”, nada relacionado a maltratos.
Cuando le preguntaron si su hija era violenta, respondió como si fuera casi una virtud y sin ninguna extrañeza: “Sí, Brisa siempre fue violenta, pero jugando”. Así, “jugando” le quebró el tabique de la nariz de una trompada, dijeron varios testigos, para después echarlo de la vivienda. En cambio, él sostuvo, otra vez naturalizando las agresiones físicas, que apenas fue “un codazo” que le hizo sangrar la nariz.
Al inicio de su declaración y a preguntas de Marcela Antequeda, una de las defensoras, contó que conoció a Maxi cuando su hija quedó embarazada. Dijo que antes había oído “algo” sobre que estaban de novios, pero lo conoció en persona, en verdad, cuando se enteró de que sería abuelo. “Ahí fue cuando me empecé a preocupar y tener contacto porque quería ayudarlos”, expresó.
Refirió que visitaba a la imputada, pero no tenía mucho contacto con la pareja en sí, puesto que no le caía bien el joven. Relató que él los ayudó a alquilar un departamento en las calles San Juan y Leonismo Argentino. “Un año estuvieron ahí. Yo pagaba y me devolvían la plata después”, indicó. Otros testigos, incluida Brisa, narraron que vivieron en ese lugar apenas unos meses.
—¿Cómo era la relación entre ellos? —preguntó la abogada de la acusada.
—No entiendo. Yo tenía poco contacto. Siempre me recibían bien. Pero nunca los veía bien, porque estaban así… No sé, no los veía como pareja. Siempre a Brisa la veía con dolores. Yo le preguntaba a Maxi y él nunca respondía —contestó con poca claridad.
—¿A qué se refiere con dolores? —indagó, por su lado, el fiscal Ernesto Lutens.
—Así, dolores de espalda, de riñones y huesos —respondió y cambió la naturaleza de la respuesta.
—¿Alguna vez vio a Brisa con lesiones? —siguió el funcionario.
—No —afirmó el hombre.
—¿Vio alguna vez que Maxi le pegara a Brisa? —continuó el letrado.
—No —dijo el padre de la acusada.
Narró que de vez en cuando la víctima lo llamaba porque tenían problemas. “Venga porque Brisa está nerviosa”, le decía. Aseguró que su hija también solía contactarlo por la misma razón, pero con los roles invertidos, para pedirle: “Vení papi. Vení, que está nervioso”. Pero reveló que cuando él llegaba a donde estaba la pareja todo estaba tan “calmo” como el mar del Caribe y nadie le contaba nada.
Sin embargo, declaró situaciones un tanto contradictorias que no terminaban de definir su relación con el joven asesinado. Habló de dos momentos que hicieron reír a algunos familiares de Maxi porque sabían que era una total fábula, pero que también despertaron su bronca, un enojo que en la sala de juicios tuvieron que contener y tragarse, dado que no solo trató al muchacho de drogadicto, sino que también pintó a Miriam y a Javier Chávez como malos padres. “Un día me dijo: ‘Viejo, cómo me gustaría que fueras mi padre’. Así me dijo”, aseguró mientras miraba a los fiscales Lutens y Leandro Esstrada, y abría los ojos más y más, como haciéndose el sorprendido.
Pero un día, según él, discutió con su yerno y Javier, su padre. “Me acuerdo el nene tenía tres meses y la madre de Maxi quiso agredir a Brisa. ‘Usted, eduque a su hijo’, le dije. ‘Sí, tenés razón’, así me contestó”, abrió todavía más los ojos.
“Él era un chico muy nervioso”, respondió cuando le solicitaron que describiera al joven. Y cuando le pidieron precisiones o que fundamentara esa apreciación solo pudo manifestar: “No sé, en su forma de hablar, de moverse”.
—¿Sabe usted si Maxi consumía? —consultó Antequeda.
—Sé que él fumaba (marihuana) y no sé si otras cosas —contestó.
Relató que una vez Miriam Gómez le dijo a su hijo, delante de él: “¿Empezaste a consumir de nuevo vos? (…). Me prometiste que no ibas a consumir más”. Lanzó eso el testigo y después comentó, como si no supiese nada del mundo de las drogas: “No sé si consumir es fumar”.
—¿Usted tuvo algún conflicto en el que su hija fue puntualmente violenta con usted? —preguntó la defensora.
—¿Conmigo? —ríó y con total naturalidad siguió— Siempre fue violenta Brisa. Siempre jugábamos con ella. Siempre peleábamos porque ella es el varón que no tuve.
—Cuando usted dice violenta ¿qué quiere decir?, ¿qué le pegaba? —quiso profundizar la abogada de la acusada.
—Jugábamos. Nos gritábamos, peleábamos. Jugamos a la pelota, nos tirábamos al suelo —relató el hombre.
—Le vuelvo a preguntar ¿Brisa fue agresiva alguna vez con usted? —insistió la letrada.
—Agresiva, pero buena, buena. Peleábamos, discutíamos, jugábamos a la pelota. Nos agarrábamos, peleábamos, en todo momento —contó como si tal cosa.
—¿En serio, ella la ha golpeado alguna vez? —repreguntó por cuarta vez Antequeda.
—Sí, una vuelta me golpeó. No sé si me pegó con el codo o con qué en la cabeza. Me lastimó la nariz. Me salió sangre —dijo el testigo.
—¿En qué contexto fue eso? —consultó la defensora.
—Jugando —afirmó.
Hacia el final del interrogatorio Javier Darnay, el abogado de la familia Chávez, volvió a ese último punto que no era menor y que el padre de la imputada había planteado golpear y hacerse daño en un “buen sentido”.
—Usted dijo que Brisa era violenta —recordó el representante de la querella.
—Yo en ningún momento dije que era violenta—se apresuró a responder el hombre y se contradijo con lo que había contado antes.
—Que jugaban violentamente, que le pegó en la cabeza y le hizo sangrar la nariz. ¿Jugando? —preguntó Darnay.
—Es que yo siempre jugaba con ella. Violenta sí, pero jugando. Violentos los dos. Le tiraba el pelo, le pegaba, cuando jugaba al fútbol la empujaba y le pegaba una patadita, así, para que se enojara y ella también por ahí me lo hacía. Como dije, la Brisa es el varón que no tuve —remarcó y dejó un tendal de personas desconcertadas en el recinto de juicios.
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