José Santos Ortiz, el gran olvidado de Barranca Yaco
Por Guillermo Genini (*)
La construcción de la memoria histórica depende de la disputa que sobre el pasado establecen distintas agencias e intereses de una sociedad. En ese conflictivo juego, la Historia profesional y científica es una parte del dificultoso proceso que determina qué recordar y qué olvidar del pasado común que nos brinda identidad. Este parece ser el caso de José Santos Ortiz, figura destacada de la historia de San Luis que encontró en Barranca Yaco, paraje ubicado al norte de la ciudad de Córdoba, un trágico final junto a Facundo Quiroga el 16 de febrero de 1835.
Por la trascendencia notable como caudillo federal de Quiroga, su muerte eclipsó a la de Ortiz desde el mismo momento de producido los asesinatos por parte de una partida comandada por el Capitán Santos Pérez quien tenía órdenes de los hermanos Reinafé, por entonces clan gobernante en la provincia de Córdoba, de no dejar testigos vivos del criminal atentado. El contexto de este crimen era la recientemente conformada Confederación Argentina, organización laxa e inestable que se había formado tras la aceptación por parte de todas las provincias argentinas del Pacto Federal hacia fines de 1832. En esta Confederación algunas atribuciones de las soberanías de los Estados provinciales argentinos, como la representación externa, fueron delegadas en el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, el cual las utilizaría con un criterio variable, según sus intereses.
Entre lo que se consideraba, no sin polémica, como una de las atribuciones delegadas por el Pacto Federal en Buenos Aires, era la intervención en los conflictos que estallaban entre los diferentes Estados argentinos o entre alguna provincia y un Estado extranjero. Este fue el caso de la lucha que se produjo entre las provincias de Salta y Tucumán en 1834 donde se sospechaba de la influencia de emigrados unitarios y del General Andrés de Santa Cruz, presidente de Bolivia, cuyo desenlace implicó la separación de la provincia de Jujuy del territorio salteño. Para mediar entre ellas y poner fin a los enfrentamientos armados, el gobernador de Buenos Aires Manuel Maza, haciendo uso de las facultades delegadas por los Estados confederados, organizó una comitiva que debía llevar a cabo negociaciones entre los bandos enfrentados. Maza, bajo el influjo directo de Juan Manuel de Rosas, convocó para esta delicada misión a Facundo Quiroga, quien se encontraba residiendo en Buenos Aires desde fines de 1833.
A mediados de diciembre de 1834 Quiroga aceptó la delicada misión sólo con la anuencia directa y personal de Rosas. Por ello se concertó una reunión el 18 de diciembre en la quinta de Juan Nepomuceno Terrero en el pueblo de Flores a las afueras de Buenos Aires entre los principales implicados Quiroga, Rosas y Maza, más la presencia del influyente anfitrión, en donde se establecerían los objetivos y características de la misión. En estas circunstancias hizo su aparición la figura José Santos Ortiz, convocado por Felipe Arana el Ministerio de Relaciones Exteriores de Buenos Aires, para formar parte de la Comisión. Es muy probable que el propio Quiroga haya sido quien sugirió su nombre para formar parte de la misma, habida cuenta de su reconocida capacidad política, diplomática y administrativa, y su vínculo cercano con el caudillo riojano.
Quiroga y Ortiz tenían una larga vinculación política y personal cimentada a lo largo de años de compartir campañas militares, afinidades partidarias y consejos gubernativos. Su relación comenzó en octubre de 1820 cuando ambos combatieron activamente a los últimos sublevados del Batallón de Cazadores de los Andes y su aliado Francisco Aldao en la zona limítrofe entre La Rioja y San Luis. Esta relación se profundizó cuando Ortiz, ya como gobernador de San Luis, solicitó a Quiroga auxilio y apoyo para combatir las invasiones de José Miguel Carrera a territorio puntano en 1821. Inclinados ambos a la causa federal durante los agitados años del Congreso General (1824-1827), su entendimiento se profundizó cuando Facundo se convirtió en la figura dominante de Cuyo tras invadir e imponer su dominio en San Juan y Mendoza, quedando San Luis alineado con la política del caudillo riojano y bajo su protección militar por medio de las gestiones de Ortiz. Esta situación se prolongó por varios años, incluso cuando Ortiz renunció como gobernador en abril de 1829. Esta relación política se manifestó en la participación de Ortiz con el grado coronel en la Batalla de Oncativo bajo el mando de Quiroga el 25 de febrero de 1830. Producida la derrota del riojano, Ortiz quedó prisionero de las tropas unitarias del general José María Paz, quien lo liberó sin condicionamiento sufriendo algunas rigurosidades.
Tras haber acompañado a Quiroga en su breve y forzada residencia en Buenos Aires, Ortiz se radicó en la provincia de Mendoza en donde ejerció como ministro de Guerra y Relaciones Exteriores de sus gobiernos federales entre 1831 y 1833. Un aspecto poco conocido de esta relación, y que demuestra el grado de cercanía y aprecio que se tenían, es el hecho que Quiroga gestionó en 1831 ante el gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, una beca para que Pedro Ortiz Vélez, hijo de José Santos Ortiz e Inés Vélez, pudiera estudiar medicina en la Universidad de Buenos Aires. Según documentos publicados por Mario Visiconti en 1977 y citados por Cruz Ortiz, Rosas otorgó la beca teniendo en cuenta “los servicios que ha prestado a la Patria el distinguido ciudadano Dr. José Santos Ortiz y los notables perjuicios que le han causado los anarquistas, habiendo arruinado considerablemente su fortuna y deseando darle un testimonio del aprecio que han merecido” (Ortiz, 1977. Pág. 14).
Es más conocido que Quiroga lo tuvo como uno de sus consejeros más reconocidos, e incluso lo propuso como un posible candidato a presidente de la Confederación en un eventual gobierno constitucional, tal como lo señala Adolfo Saldías, en las polémicas que se suscitaron en la infructuosa Comisión Representativa convocada en cumplimiento del Pacto Federal con el gobierno de Corrientes sobre la conveniencia o no de avanzar en la Organización Nacional. Saldías afirmó que Quiroga en 1832 “se mostraba partidario entusiasta de la organización nacional, y se había adelantado hasta propiciarle sufragios en las provincias á su consejero el doctor José Santos Ortíz para la futura presidencia de la República” (Saldías, pág. 129, 1892). Juan W. Gez también sostiene lo mismo, resaltando que Quiroga consideraba a Ortiz “uno de los hombres de gobierno más ilustrados y experimentados del interior, cosa que miraba mal Rosas”, por lo que desistió de sostener su postulación (Gez, 1916, pág. 323).
Tras la radicación de Facundo en Buenos Aires a fines de 1833, según Carlos Barreiro Ortiz los caminos de ambos personajes se volvieron a cruzar no por casualidad. Este autor, además de afirmar que Ortiz dejó Mendoza para reclamar las deudas que contrajo por el envío de las tropas puntanas a la Guerra del Brasil en donde había gastado gran parte de su fortuna personal, sugiere que la llegada de Ortiz a Buenos Aires a comienzos de 1834 se debió a un llamado de Quiroga. Éste habría requerido de la presencia de Ortiz “por motivaciones políticas de índole reservada” (Barreiro Ortiz, 1971, pág. 130).
En este estado se encontraba la relación entre Quiroga y Ortiz cuando se conformó la Comisión para mediar entre Tucumán y Salta. Pese a la confusión que se ha suscitado entre historiadores posteriores, no hay duda que Ortiz fue convocado como secretario de la Comisión conformada con carácter diplomático por el Gobierno de Buenos Aires en uso de las facultades delegadas por el Pacto Federal, y por lo tanto, no era secretario privado o personal de Facundo Quiroga cuando partió al actual norte argentino el 19 de diciembre de 1834. La prueba documental de esta afirmación fundamental la aporta Barreiro Ortiz en su destacada obra “Dos gobernantes puntanos” de 1971. En ella se afirma que el decreto de designación fue firmado por el Gobernador Maza el 16 de diciembre de 1834, es decir, pocas horas de partir, lo que indica que se trataba de una acción ya coordinada entre Quiroga y Rosas con el conocimiento y anuencia del puntano. Ortiz respondió a su designación con la siguiente nota:
“San José de Flores, diciembre 18 de 1834,
Año 25 de la Libertad y 19 de la Independencia.
Al Señor Oficial Mayor de Secretaría del Exmo. Gobierno de la Prov. de Buenos Aires, en el Departamento de Relaciones Exteriores.
Son en poder del que firma los documentos que el Señor Oficial Mayor de Secretaría se sirve acompañarle a su nota del 16, por lo que S.E. el Señor Gobernador y Capitán General de la Provincia se ha servido nombrarle secretario, en la importante comisión encargada al Sr. Brigadier General D. Juan Facundo Quiroga, cerca de los Exmos. Gobernadores de Salta y Tucumán.
El que firma empleará todos sus esfuerzos para corresponder a la confianza con que S.E. a tenido la dignidad de honrarle.
Dios guarde al Sr. Oficial Mayor muchos años,
José Santos Ortiz”
Este importante documento ubicado por Barreiro Ortiz en el Archivo General de la Nación (A.G.N. sala X 16-6-6 1834-1837), permite precisar algunas circunstancias que han permanecido ignoradas (Barreiro Ortiz, 1971, pág. 132). Ortiz fue nombrado Secretario de la Comisión el mismo día, 16 de diciembre de 1834, y bajo los mismos instrumentos legales que el propio Quiroga, decreto del Gobernador Maza, y con la misma condición diplomática que le confería inmunidad, por ser parte de la misión encargada al “Comisionado Representante del Gobierno de Buenos Aires”. La contestación de Ortiz se produjo en San José de Flores, al igual que la de Quiroga, lo que indica que José Santos Ortiz se encontraba presente en la trascendental reunión que tuvo lugar en la quinta de Terrero, y, por lo tanto, también se encontraba junto a Quiroga cuando éste se entrevistó al día siguiente con Rosas en la Hacienda de Figueroa en San Antonio de Areco, habiendo viajado en la misma diligencia.
Según este documento, sin duda que el rol de Ortiz fue de enorme importancia en la misión encargada por el gobierno de Buenos Aires, toda vez que la Comisión era portadora de la famosa “Carta de la Hacienda Figueroa”, en donde Rosas le detalló a Quiroga su pensamiento sobre la Organización Nacional, contrario a su implementación inmediata. Esta importancia también quedó de manifiesto en el tratado firmado en Santiago del Estero entre los gobiernos de Salta, Tucumán y Santiago del Estero el 6 de febrero de 1835 que establecía la paz entre esos estados provinciales. Un día antes Quiroga, como Represente de Buenos Aires, y Ortiz, como Secretario, firmaron la comunicación ante esos gobiernos provinciales que daba cuenta del cumplimiento de su misión.
Pese a varias advertencias sobre el atentado contra su vida, Quiroga desestimó el ofrecimiento de custodia armada tanto en Buenos Aires como en Santiago del Estero. El 16 de febrero de 1835 en el paraje Barranca Yaco antes de llegar a la posta de Sinsacate, fue asesinado junto a Ortiz y toda la comitiva que lo acompañaba. Si bien, el jefe de la partida atacante tenía la orden de no dejar testigos, dos acompañantes de Quiroga y Ortiz, el correo Agustín Marín y el ordenanza Santiago Funes, presenciaron los crímenes. Estos dos testigos fueron claves para que años después se juzgara y castigara a los culpables no en Córdoba, sino en Buenos Aires, argumentando que Quiroga y Ortiz eran representantes de ese gobierno.
Según los documentos publicados en 1837 del juicio que se llevó a cabo por el gobierno de Buenos Aires, queda claro que el marco de justificación se dio dentro de una interpretación aceptada por las provincias confederadas. Rosas logró de otros gobernadores federales ser reconocido como autoridad legítima para castigar estos crímenes. Por ejemplo, Felipe Ibarra de Santiago del Estero afirmó que "trabajará hasta descubrir a los verdaderos culpables y arrastrarlos a un tribunal nacional cuyo fallo no será impotente". Según el historiador José María Rosas, tras desentrañar las maniobras dilatorias, Rosas exigió en junio de 1835 al gobierno de Córdoba la entrega de los cuatro hermanos Reinafé, de Santos Pérez y de los milicianos que participaron de la masacre en Barranca Yaco para ser juzgados "por el tribunal que designen las provincias confederadas”, es decir, según las disposiciones del Pacto Federal, por el gobierno de Buenos Aires (Rosa, 1972, pag. 218 y 234).
El argumento principal de la legitimidad del juicio en Buenos Aires lo constituía la condición de Quiroga y Ortiz como representantes de ese gobierno y que, por lo tanto, gozaban de protección diplomática. El uso de las facultades delegadas por el Pacto Federal para encargarse de las causas “nacionales” completó la argumentación. El elegido por Rosas para llevar a cabo los sumarios y proponer sentencia fue Manuel Maza, el mismo que había designado a Quiroga y Ortiz para la Comisión. En su respuesta ante los planteos de la defensa, sostuvo:
“¿Hay algun derecho, por el que pueda perseguirse, y castigarse el último de los crímenes cometido contra el derecho de las naciones en la persona de un Representante caracterizado? La contestacion no está sugeta á controversia. El Exmo. Sr. Brigadier General D. Juan Facundo Quiroga se merecia aquellos respetos, que se merece el Gobierno a quien iba representando: los que atentaron contra su vida, los que no respetaron su inmunidad asi personal como real, se hicieron reos de otros tantos delitos contra el derecho de gentes ; y se hicieron tambien reos, porque violaron el salvoconducto con que transitaba por la Provincia de Còrdoba, á fin de cimentar la primera ley que reconocen las naciones, la paz pública, desgraciadamente alterada en algunos de los Estados de la Confederacion Argentina. La persona, en suma, del Sr. General Quiroga, la de su Secretario, General Ortiz, y cuanto pertenecia á su comitiva, era sagrado.” (Causa criminal, 1837, pág. 122).
La portada de la publicación oficial de 1837 aludida, si bien con el consabido error de identificar a Ortiz como Secretario de Quiroga, demuestra que ambas figuras fueron consideradas como destacadas en esos momentos. Cabe esperar que la memoria histórica rescate a sendos personajes que en vida compartieron mucho más que el trágico final de Barranca Yaco.
Bibliografía
BARREIRO ORTIZ, Carlos. Dos gobernantes puntanos. José Lucas Ortiz, José Santos Ortiz. Buenos Aires, Glaux, 1971.
BUENOS AIRES, Causa criminal seguida contra los autores y cómplices de los asesinatos perpetrados en Barranca Yaco. Buenos Aires, Imprenta del Estado, 1837.
GEZ, Juan W., Historia de San Luis, tomo 2. Buenos Aires, Weiss y Preusche, 1916.
ORTIZ, Cruz, José Santos Ortiz. Primer gobernador de San Luis. San Luis, Painé, 1997.
ROSA, José María, Historia Argentina, tomo 4. Buenos Aires, Oriente, 1972.
SALDÍAS, Adolfo, Historia de la Confederación Argentina, tomo 2. Bueno Aires, Felix Lajouane, 1892.
(*) Historiador
Artículo publicado en la página de Facebook Historiadores de San Luis