Roberto Borelli: el maestro del acordeón que une generaciones y salvó pistas
Con más de tres décadas de trayectoria y una vigencia que desafía el paso del tiempo, el músico compartió los hitos que marcaron su carrera, desde el nacimiento accidental de su mayor éxito hasta su visión crítica de la música popular actual.
Por Gastón Vila Calderón
Roberto Borelli compartió una charla profunda con El Chorrillero donde repasó su trayectoria. Prácticamente, nació en la música. El ala fue su padre Mario que tenía una orquesta en la que tocaba el bandoneón y desde los 6 años lo mandó a estudiar piano. Creció en los bailes de "El Pollo”, que se hacían en su casa de la avenida Sarmiento en el denominado Pueblo Nuevo.
Trabajó durante siete años con Los Playeros y estuvo tres más con Alcides en Buenos Aires en pleno auge popular. Decidió regresar a la provincia para conformar su banda actual: “Los Borelli”. Integrada por sus hijos Jesús, Salvador y Jorge llevan más de tres décadas alegrando la noche puntana.
A sus 76 años, el artífice de todo fue consultado sobre qué significa el instrumento que le cambió la vida. Se alejó de los tecnicismos para hablar desde el corazón. Para Roberto, el acordeón no fue simplemente una herramienta de trabajo, sino el eje que dio sentido a su existencia y su mayor orgullo.
"El acordeón me dio todo. Me dio la posibilidad de recorrer el país, de conocer gente maravillosa y de tener el respeto del público después de tantos años. Es mi vida, es lo que soy", expresó.
Recordó con especial cariño sus inicios junto a su padre, donde aprendió que el instrumento debe "cantar" y transmitir alegría, una filosofía que mantuvo inalterable a lo largo de décadas de grabaciones y giras.
La historia de Borelli tiene un punto de inflexión cinematográfico en la provincia de San Juan. En un baile "repleto", la orquesta enfrentó lo que pudo ser el fin de su prestigio debido a un error de comunicación entre el director, Luis Soloa, y la sección de los instrumentos de viento.
"La mitad de adelante tocábamos un tema y los de atrás otro. Se armó una porquería, la gente no bailaba, se paró, quedamos regalados", recordó con crudeza.
Ante el silencio de una pista estupefacta, Borelli apeló a su ADN musical: los años de tocar junto a su padre. Sin previo aviso, comenzó a improvisar con su acordeón un set de ritmos variados. "Arranqué con un popurrí. Víctor Alcides me decía: ‘seguí vos, seguí vos’, y yo iba largando pasodoble, corrido, tarantela, chamamé, lo que me acordaba", explica el músico.
Roberto Borelli.
La respuesta fue inmediata: la gente volvió a bailar y el evento fue un éxito rotundo.
Lo que Borelli no sabía era que esa improvisación estaba siendo grabada por periodistas de diarios, radios y televisión que se encontraban en el lugar.
Al mes siguiente, al regresar a San Juan, la noticia los sorprendió: "Lo que ha pegado mucho dice que es el popurrí, esa noche lo grabaron todos ahí".
A pesar del fervor del público, la decisión de llevar ese sonido al estudio de grabación en Buenos Aires no fue sencilla. La orquesta se encontraba en una etapa de búsqueda de modernización, y algunos integrantes veían con recelo el regreso a géneros tradicionales.
"Había algunos que no querían porque decían que era retroceder en el tiempo grabar eso, en la época que estábamos tratando de hacerlo lo más moderno posible", confesó Borelli.
Sin embargo, la intuición de Víctor Alcides prevaleció. El resultado fue una pieza que hoy, tres décadas después, desafía las métricas de la era del streaming. "Tal cual está grabado, tiene más de siete u ocho millones de visitas. Es lo más escuchado y lo que más ha perdurado en boliches, fiestas y casamientos", afirmó con orgullo, destacando que el acordeón sigue siendo el alma de la celebración argentina.
Borelli no solo es un intérprete; su firma está detrás de éxitos como "La suerte del gallo", "Mamá soltera" y "Mamita mía". Durante la entrevista, el músico se mostró crítico con la uniformidad de la música popular contemporánea, señalando una falta de vuelo creativo en las letras actuales.
La monotonía del amor: "Hoy escuchás 50 temas y todos dicen lo mismo. Por qué te fuiste, por qué me dejaste, si no venís me muero, por qué me engañaste, todo se mueve dentro de eso", sentenció.
En contraste, el acordeonista manifestó su admiración por la cumbia de Colombia. "Yo elijo a los que saben de cumbia, que son los colombianos. Ellos le cantan a la canoa, al pájaro, a otra cosa; la cumbia de ellos es otra cosa".
Destacó que, en su época, el termómetro del éxito no era una campaña de marketing, sino la pista. "Víctor se paraba arriba del escenario y si la gente ya no venía cantándolo, que gustaba, no iba. Él decía que la gente elegía".
Para el artista, el secreto de su vigencia, que lo lleva a ser convocado constantemente desde Buenos Aires, Mendoza y San Juan, radica en el "gusto" y la identidad de los arreglos. No se trataba solo de tocar notas, sino de crear un estilo “picaresco” y diferente que se alejara de la repetición.
Uno de los puntos más significativos de la charla fue cuando Borelli se refirió a su influencia en la juventud y en las bandas masivas de la actualidad. Lejos de quedar en el pasado, el sonido de su acordeón es estudiado y replicado por los referentes del género moderno.
"Hoy en día, bandas como Q’ Lokura o Eugenia Quevedo y la LBC tienen mis acordeones, tienen los arreglos. Me pone muy feliz que los chicos jóvenes sigan esa línea", comentó con satisfacción.
Este reconocimiento por parte de las nuevas potencias de la música popular demuestra que el "estilo Borelli" no fue una moda pasajera, sino una escuela de interpretación que sigue haciendo bailar a miles de personas en los escenarios más grandes del país.
"Gracias a esto todavía estamos vigentes, han pasado muchos años y no hemos caído en el olvido", concluyó el músico, quien a través de su acordeón logró que géneros como la tarantela, la polca y el pasodoble sigan vivos en el imaginario colectivo.
Video Blas Abayay Edición Juan Ledesma