Sufrió un grave accidente, tuvo fallas multiorgánicas y una pierna amputada, ahora celebra la vida con su familia
El joven de 18 años fue embestido por un auto el 8 de enero en la ciudad de San Luis. Pasó 15 días en terapia intensiva. Hoy recibió el alta en medio de una emotiva bienvenida organizada por su familia y amigos.
La historia de Yoel Miranda tuvo este viernes un capítulo que hace apenas semanas parecía impensado. Después de 43 días de internación, el joven recibió el alta médica del Hospital Central Ramón Carrillo y fue recibido por familiares y amigos entre aplausos, carteles y globos.
El joven, de 18 años, había sufrido un gravísimo accidente el pasado 8 de enero, alrededor de las 3:30 de la madrugada. Circulaba en una motocicleta junto a una acompañante de 19 cuando fueron embestidos por un auto en la intersección de República del Líbano y Ricardo Rojas, en la ciudad de San Luis. Ambos fueron trasladados de urgencia al nosocomio, donde comenzó una lucha contrarreloj.
El cuadro de Miranda fue crítico desde el primer momento. Permaneció 15 días en terapia intensiva y sufrió fallas multiorgánicas que pusieron su vida en peligro. Las lesiones obligaron a los médicos a realizar múltiples cirugías de alta complejidad. Entre las consecuencias más duras del impacto, debieron amputarle una pierna y practicarle la extirpación de medio pulmón.
Fueron semanas de partes médicos inciertos, de esperar afuera de una sala y de aferrarse a la fe. “Un milagro le ha salvado la vida”, expresó la familia al enterarse de la noticia de que finalmente, iba a regresar a su hogar. Y no es para menos.
Minutos después de las 13:30, Miranda cruzó las puertas del hospital. En silla de ruedas, visiblemente emocionado, levantó la mirada y se encontró con carteles de bienvenida, globos de colores y aplausos que no se detenían. Los abrazos se multiplicaron. Hubo sonrisas, pero también llanto. No de tristeza, sino de alivio.
Las imágenes y los videos del recibimiento muestran la dimensión del momento: amigos que no soltaron su mano, familiares que lo rodearon como un escudo y una sensación compartida de haber atravesado algo enorme.
Hoy comienza una nueva etapa para el joven. La recuperación seguirá, con desafíos físicos y emocionales por delante. Pero esta vez, lejos de la terapia intensiva y rodeado del cariño de los suyos.