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Por qué el monito Punch conmueve en redes y los therian generan rechazo

En redes sociales el caso del primate que es rechazado por su mamá generó millones de reacciones empáticas; sin embargo la nueva tribu urbana adolescente es motivo de burla.

Foto El Chorrillero
Por qué el monito Punch conmueve en redes y los therian generan rechazo
Actualizada: 22/02/2026 01:14
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Mientras el mundo se apena por un mono llamado “Punch”, que es rechazado por sus padres y discriminado por su manada, los therian —personas que se identifican con animales— son víctimas de bullying en redes sociales. Dos caras de la viralización: una genera empatía a partir de un relato conocido; la otra produce repulsión frente a lo enmascarado.

Punch es un macaco de siete meses nacido en el zoológico de Ichikawa, a pocos kilómetros de Tokio, que fue abandonado por su madre y apartado del grupo. Como consecuencia, el primate generó un vínculo especial con un peluche de orangután y, rápidamente, los videos e imágenes del insólito dúo enternecieron y conmovieron hasta las lágrimas a millones de usuarios en redes sociales.

“En nuestra configuración de ser humano, de mente pensante, el rechazo de la madre es algo muy caótico. Le damos atribuciones al reino animal propias de nuestra especie. En esta cuestión de humanizar todo, a los perritos, a los gatitos, vestirlos y tratarlos como hijos, nos olvidamos de que son animales con sus propias reglas y conductas”, explicó la psicóloga de San Luis, Paola Sepúlveda.

Shunpei Miyakoshi, cuidador del zoológico, detalló a medios locales que los macacos jóvenes necesitan a sus madres no solo para sentirse seguros, sino también para fortalecer su musculatura y desarrollarse de manera saludable. Por eso, el equipo probó distintas alternativas para brindarle contención al pequeño: utilizaron toallas enrolladas e incluso una jirafa de juguete.

Sin embargo, fue el peluche de orangután Djungelskog, de IKEA, el que logró transmitirle calma y sensación de compañía, relató Miyakoshi en declaraciones citadas por The New York Times.

Pero ¿por qué la historia de Punch conmovió a millones alrededor del mundo? En el fondo, la respuesta remite a la biología de los mamíferos. “Es un claro ejemplo de la necesidad biológica de apego y de cómo el cerebro utiliza recursos alternativos cuando el afecto primario falta. Así como los primates son mamíferos que necesitan vivir en grupos, en manada, los humanos también”, razonó la licenciada en Psicología, Romina Paula Pisano (MP: 10473).

Pisano aclaró que el apego temprano es una necesidad biológica diseñada para la supervivencia. Sin él, aumenta el estrés, se altera el desarrollo e incluso se pone en riesgo la vida. En el caso de Punch, esto se observa de forma evidente, pero también ocurre en humanos: los bebés dependen de su cuidador principal, quien les proporciona seguridad, protección y regulación emocional.

La psicóloga local profundizó e hizo referencia al psicoanalista Donald Winnicott, quien desarrolló el concepto de “objetos transicionales” para explicar cómo los bebés atraviesan las separaciones de la figura materna. En los primeros meses de vida, el niño está profundamente apegado al pecho de la madre, que representa su principal fuente de alimento, contención y seguridad.

Sin embargo, como la madre no puede estar presente todo el tiempo, el bebé suele apoyarse en un objeto, como una manta o un peluche, que cumple simbólicamente esa función de calma y protección. Ese objeto actúa como un puente emocional que le permite tolerar la ausencia y autorregularse. En este caso, el peluche cumple esa función para Punch.

Como contracara, el abandono es lo opuesto al apego seguro. Pone en jaque los vínculos posteriores a lo largo de la vida, además de la seguridad personal.

“Lo que generó esta historia en las personas fue algo muy movilizador: activó la emoción y la identificación con historias de vida difíciles. Muchas personas contaron experiencias personales de abandono. En la clínica lo vemos todos los días: historias profundas y tristes de la infancia. Entonces, es lógico que mucha gente se haya sentido identificada con este monito en su estadio primario, intentando integrarse y ser feliz”, fundamentó la psicóloga clínica Pisano.

Mientras que en el caso de Punch su historia generó comunidad y apoyo en el entorno virtual, las noticias sobre therians, tanto a nivel local o nacional como internacional, provocaron lo opuesto.

Aunque hubo consenso mayoritario en la reacción, esta fue negativa: un grupo humanizaba a un mono, el otro condenaba a humanos que recurrieron a la personificación de animales para, en muchos casos, afrontar situaciones de bullying y discriminación. Vestirse con máscaras y colas se convirtió en su forma de apego, del mismo modo que el peluche lo fue para Punch.

“Las redes sociales funcionan como una descarga de emociones y tensiones colectivas. Si todos comentan algo, uno entra rápidamente en la vorágine de opinar, posicionarse, ser positivo o negativo”, explicó la especialista.

Y agregó: “En el caso de los therians, predominó la reacción negativa y el rechazo. Incluso cuando integrantes de esa comunidad contaban haber sufrido bullying, eso no generó mayor empatía. Es interesante, porque el monito también sufrió rechazo, pero la reacción fue totalmente distinta”.

Ante la comparación de los therians, mayoritariamente adolescentes, con lo que en los tardíos 2000 fueron las tribus urbanas como floggers, emos y cumbieros, la especialista analizó:

“Aparecen en un contexto donde ser joven hoy es difícil. Aunque estamos hiperconectados, pertenecer y encajar se ha vuelto más complejo. Muchos jóvenes se sienten vacíos o perdidos. Para alguien que se siente raro o excluido, encontrar una comunidad rápida y visible puede resultar organizador. Ver que otros se sienten igual reduce la sensación de soledad”.

Sepúlveda aportó que la adolescencia es un período muy complejo donde los chicos buscan identidad y los padres de la infancia ya no son sus ídolos, pero sí se sienten bien con sus pares. De allí nace la necesidad de formar comunidades, algo que actualmente representan los therian.

“Los adultos no le damos mucha cabida a la adolescencia. No somos tan tolerantes con ellos y, por lo tanto, ridiculizamos esas nuevas culturas que crean para sentirse incluidos o buscar su identidad. Entonces, de ahí el rechazo”, aportó.

Y cerró: “Probablemente esto sea una subcultura como los emo, que también va a pasar lo mismo: va a surgir así y de repente se va a disolver en el tiempo como una etapa de la adolescencia. Pero yo no me preocuparía tanto, por ahora”.

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