VILLA MERCEDES
La psicóloga que vio a Brisa dijo que dio un relato “armado”, evasivo y no se mostró arrepentida
La licenciada que la evaluó seis días después de matar a su pareja Maxi Chávez refirió que no percibió que atravesara por un duelo. La describió como alguien narcisista, egocéntrica y que tiende a resolver los problemas con agresión. No advirtió en ella los parámetros de una víctima de violencia.
Tic tac, tic tac. El momento que los familiares de Maximiliano Nicolás Chávez esperan desde diciembre de 2024 está a días de llegar: el final del juicio contra Brisa Gianella Brizuela y su veredicto. Y esperan que cuando ese instante arribe la sentencia sea prisión perpetua. Un fallo diferente sería otro golpazo. Del primero, el asesinato del joven, saben que no volverán a reponerse; pero anhelan que su homicida al menos pierda por muchos años el segundo derecho humano, el de la libertad, como castigo por haberle quitado a su pareja y padre de su hijo el primero de todos, el derecho a la vida. Mañana (martes) los fiscales, el abogado querellante y los defensores de la mujer harán sus alegatos y, luego, el tribunal pasará a deliberar si es culpable o inocente. Pero antes los jueces tienen mucho que analizar. Pasaron más de 30 testigos y, a excepción de su madre, dos hermanas y la propia Brisa, nadie habló bien de ella. Hasta Dante Brizuela, su padre, la complicó cuando admitió que su hija siempre fue violenta y torpemente la justificó cuando le hizo sangrar la nariz de una trompada o un codazo. Aclaró que fue “jugando”, como si fuera lo más natural del mundo.
Otros de los elementos probatorios que los camaristas Virna Eguinoa, Daniela Estrada y Mauro D’Agata Henríquez deberán considerar y que no están atravesados por los ojos, quizás un tanto subjetivos de quienes tenían contacto con la acusada, son los informes de la psicóloga y el psiquiatra que la evaluaron a menos de una semana del crimen. Lo que concluyeron los profesionales que la entrevistaron, de alguna manera, podría pinchar el salvavidas al que se aferra la mujer, que sostiene que la tarde del 21 de diciembre de 2024 solo intentó protegerse de Chávez, quien la estrangulaba.
Muy por el contrario, la psicóloga que la vio percibió que su versión sobre lo que pasó ese día estaba “armada”, fue “poco espontánea” y hasta trató de esquivarle, escaparle a ciertos puntos o preguntas. Concluyó que no presentaba las características que muchas víctimas de violencia suelen transmitir y que ni siquiera demostró algo de arrepentimiento por el homicidio. Las palabras más light que le indicó sobre su personalidad es que es narcisista y egocéntrica.
La licenciada en psicología judicial interrogó a la imputada, ahora de 22 años, y la sometió a una serie de pruebas el 27 de diciembre de 2024. En ese encuentro, la especialista notó que Brisa no tenía una alteración de sus facultades y/o problemas psicopáticos que le impidieran comprender lo que hacía, estaba ubicada en tiempo y espacio y no alucinaba ni padecía delirios.
Esa conclusión coincide con el reporte del psiquiatra que también la examinó. “Juicio conservado, puede observar y comprender correctamente la realidad (…) No encontramos signos de patologías psicopáticas y no presentaba alteraciones mentales al momento del hecho”, consignó en su informe el médico.
La psicóloga, por su lado, refirió que no descubrieron indicadores en la vinculación entre Brisa y Maxi que revelen que estuvo expuesta a violencia. “No se hallaron signos de violencia de parte de él y tampoco los parámetros normales”, de una víctima de violencia de género. Asimismo, añadió que pudo existir la posibilidad de “situaciones de violencia cruzadas” entre ambos.
“Ella habló de una situación de celos y desconfianza, que ambos se arrojaron piedras”, recordó la testigo. Pero, seguidamente, la propia acusada tergiversó ese relato y lo volvió contradictorio.
Señaló que, a su modo de ver, el discurso le sonó poco natural. “Se notaba que era poco espontáneo, como armado y había ausencia de detalles”, sintetizó. Dijo también que, por momentos, Brisa se tornaba evasiva, “no se dejaba conocer” y aparecieron “ciertas contradicciones”.
Eso mismo advirtió el psiquiatra. Si bien aclaró que la entrevistada no se negó a responder ninguna pregunta, se “mostró contradictoria” cuando tuvo que tocar el tema de su familia y sus antecedentes.
La otra profesional dio más detalles sobre su personalidad. Observó en ella egocentrismo, narcisismo, a alguien que prioriza sus deseos y que se relaciona con otros con la intención de “obtener un beneficio inmediato”. Remarcó que presentaba una tendencia a la manipulación, incluso a ser agresiva, que no es influenciable y es inmadura emocionalmente. Todo lo cual afecta “su capacidad de empatía”, destacó.
Es alguien que se inclina a solucionar conflictos de manera agresiva. Y, entre otros puntos, cuando habló sobre su madre, Pilar Maldonado, dejó ver que se sintió poco comprendida y desplazada por la otra mujer.
—¿Podemos considerar que Brisa cuando fue analizada estaba en un período de duelo? —consultó Javier Darnay, el abogado de los Chávez.
—Había un escaso compromiso emocional —respondió la licenciada sobre sus reflexiones.
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