A 13 años de su fallecimiento, recordaron y homenajearon a Monseñor Francisco Miranda
Durante una emotiva ceremonia celebrada en la parroquia Sagrado Corazón, la comunidad recordó y destacó la vida y obra del sacerdote, cuyo legado espiritual y social dejó una marca imborrable en Villa Mercedes. Un puente inmortaliza su nombre.
Para los villamercedinos, monseñor Eduardo Francisco Miranda no fue un sacerdote más, sino una figura pastoral profundamente influyente y apreciada por toda la comunidad. Inolvidable por la labor espiritual y social que desarrolló durante más de 40 años. El 25 de febrero se cumplieron 13 años de su fallecimiento, y la fecha no pasó desapercibida. Fieles, amigos y autoridades municipales le rindieron homenaje en la parroquia Sagrado Corazón, donde descansan sus restos.
La misa fue presidida por el sacerdote Sergio Simunovich y concelebrada por el padre Daniel Chilemi, párroco de la Iglesia Catedral de San Luis.
En el lugar donde fue párroco y bajo los pies de la Virgen de la Medalla Milagrosa, es que fue sepultado porque esa fue su última intención.
“La misión que llevó adelante el padre Miranda, como lo decíamos todos cariñosamente, realmente ha significado muchísimo para todos nosotros. Dejó un legado muy importante”. Con esas palabras lo recordó la secretaria general de Cultura, Turismo y Deporte, Carolina Sosa, quien estuvo entre las autoridades municipales, junto a concejales. Él también fue su amigo, y por eso lo acompañó hasta sus últimos minutos de vida. Murió en Buenos Aires.
Destacó que su labor pastoral dentro de la Diócesis de San Luis y su trabajo misionero fueron pilares fundamentales, especialmente en Villa Mercedes, donde acompañó a varias generaciones de familias. Hasta que la salud se lo permitió había bautizado a gran parte de la población villamercedina.
Fue un activo impulsor del desarrollo de la ciudad, ya que participó en numerosas actividades comunitarias. Promovió la construcción de comunidades parroquiales y capillas, entre ellas la de La Paz y la parroquia San Cristóbal. También proyectó una casa espiritual, un sueño que, según Sosa, no llegó a concretar.
Su labor fue tan influyente que trascendió lo religioso y por eso recibió múltiples reconocimientos: en 1991 fue nombrado por el Papa Juan Pablo II como “Prelado de Honor de Su Santidad” en el Vaticano, distinción que le permitió obtener el título de Monseñor. En el 2006 fue reconocido por el Senado de la Nación como “Hijo Dilecto” y en el 2008 recibió de la Provincia el premio al Destacado de Pueblos Puntanos de la Independencia.
Uno de los homenajes más significativos para los villamercedinos, y el más actual, es el puente colgante que construyó en su anterior gestión el gobernador Claudio Poggi. Esa obra une La Ribera con el resto de la ciudad, y le dio vida a uno de los barrios más humildes: el San Antonio.
Miranda, recordó Sosa, participó de la bendición de la piedra fundamental de esa obra. La inauguración fue el año posterior a su muerte: el que fue inaugurado un año después de su fallecimiento, en el 2014, para el cumpleaños de la ciudad. “Un gesto que tuvo en ese entonces el gobernador Claudio Poggi, fue escuchar el pedido de la comunidad parroquial de que ese puente que significaba unión, comunión y esperanza llevara su nombre”, contó. Revivió que el primer mandatario estuvo “muy pendiente e hizo un acompañamiento y seguimiento casi diario” de la salud del sacerdote.
El recuerdo intacto para la comunidad de Villa Mercedes.
Si bien nació en la ciudad de San Luis el 24 de julio de 1934, abrazó a Villa Mercedes como su ciudad natal. “Quiero para mi ciudad lo mejor”, sabía decir siempre. Después de cada misa solía recorrer plazas y calles, para estar en contacto permanente con la gente.
Fue ordenado sacerdote el 24 de agosto de 1958 y celebró su primera misa un día después, en la festividad de San Luis Rey de Francia.
Su compromiso por el bienestar de la sociedad hizo que acompañara iniciativas como la declaración de Villa Mercedes como ciudad provida, trabajando junto a pastores evangélicos y referentes locales. También impulsó propuestas urbanas y simbólicas, como un espacio verde en el barrio Alto del Oeste durante el Jubileo del año 2000, que representa a la Sagrada Familia y la palabra Paz.
Actualmente, la comunidad de la parroquia Sagrado Corazón trabaja junto al padre Simunovich en la creación de un museo dedicado a Monseñor Miranda. El proyecto busca reunir y exhibir sus objetos personales, vestimentas y recuerdos en los salones parroquiales, para que las futuras generaciones puedan conocer y mantener viva la memoria de quien fue, para muchos, un verdadero padre espiritual de Villa Mercedes.