POR SOFFIA GARRIDO SOSA
“Entendí esta enfermedad como una compañera de vida”: la diabetes pediátrica cada vez afecta a más chicos
La alimentación, la genética, el diagnóstico temprano, la prevención y la información son claves frente a una enfermedad que afecta a más de cien chicos en San Luis y cerca de 23 mil a nivel país.
Por Soffia Garrido Sosa
Durante años, la diabetes fue considerada una enfermedad de adultos, asociada a la genética y a malos hábitos sostenidos en el tiempo. Sin embargo, cada vez más niños y adolescentes reciben un diagnóstico que antes parecía impensado a su edad, encendiendo una alarma silenciosa en consultorios y hogares. Lo que era excepcional comienza a volverse frecuente y redefiniendo el mapa de la salud pediátrica.
Para comprender de qué se trata esta enfermedad, en comunicación con El Chorrillero, la nutricionista formada en pediatría y parte del equipo de la dirección de Prevención y Promoción del ministerio de Salud de San Luis, Valeria Lucero, abordó los factores que inciden, los signos de alerta y el rol del entorno. A su vez, Luz Toledo compartió su experiencia personal tras haber sido diagnosticada a los cinco años.
Partiendo desde lo conceptual, Lucero explicó: “Antes la diabetes tipo 1 era la que se conocía como infantojuvenil y la tipo 2 como del adulto. Esta última dejó de llamarse así porque ahora también se ve en niños”. Y agregó: “Si bien hay factores genéticos, el diagnóstico temprano a través de controles de salud y un entorno informado son aspectos importantes”.
Este aumento, según un estudio publicado por The British Medical Journal que analizó la evolución de la enfermedad en 204 países, se reflejó en un crecimiento del 56,4% en niños y adolescentes con diabetes tipo 2, que pasó de una incidencia de 117 por cada 100 mil habitantes a 183.
En números, a nivel nacional la enfermedad afecta a 20.959 chicos de entre 0 y 19 años, según datos de 2024 de la International Diabetes Federation (IDF). En San Luis, el Hospital Pediátrico realiza seguimiento a 130 niños de entre 10 meses y 14 años.
Más allá de las estadísticas, se trata de una condición que atraviesa infancias con controles de glucosa, restricciones alimentarias y tratamientos crónicos, además de familias que enfrentan diagnósticos inesperados y sistemas de salud que buscan adaptarse a esta nueva realidad pediátrica.
Factores
La nutricionista explicó que estos cuadros se presentan por la combinación de “muchos factores como la genética, estresores, el ambiente y el entorno. Incluso cómo fue el embarazo, los cuidados prenatales y postnatales también inciden en la predisposición”.
También señaló que “la obesidad es un factor de riesgo para el desarrollo de diabetes tipo 2”. En línea con esto, la Segunda Encuesta Nacional de Nutrición y Salud reveló que en Argentina el 41% de los niños y adolescentes de entre 5 y 17 años presenta exceso de peso: 20,7% con sobrepeso y 20,4% con obesidad, uno de los principales determinantes para el desarrollo temprano de la enfermedad.
Sobre el acceso a alimentos ultraprocesados, Lucero advirtió: “Hay mucha disponibilidad y publicidad que incita a consumir productos con exceso de grasas y azúcares, que generan malnutrición por carencia o exceso”.
Respecto a la herencia, aclaró: “La genética influye, pero la herencia no es destino. Para que se exprese tiene que haber un ambiente y hábitos que activen esa predisposición”.
Signos de alerta
Entre los síntomas clínicos más frecuentes, mencionó la necesidad de estar atentos a cambios como orinar en exceso, sed constante, hambre permanente —producto de la falta de ingreso de glucosa a las células—, pérdida o variaciones de peso, decaimiento, náuseas, vómitos, dolor abdominal o agitación.
En el caso de la diabetes tipo 2, señaló signos visibles como la acantosis nigricans, manchas oscuras en zonas como axilas o cuello, y la aparición de acrocordones, pequeñas formaciones cutáneas similares a verrugas.
A nivel nacional la diabetes afecta a 20.959 chicos de entre 0 y 19 años, según datos de 2024 de la International Diabetes Federation (IDF). (Imagen ilustrativa de la web)
Abordaje integral y rol de la familia
Lucero resaltó la importancia de un seguimiento periódico para detectar anomalías en el crecimiento y promover un abordaje integral. “No se debe responsabilizar solo a la alimentación o a los hábitos. Es un conjunto de factores que requieren un enfoque amplio”, enfatizó.
En ese sentido, explicó que los controles de niño sano permiten detectar alteraciones a tiempo. Además, buscó desmitificar el diagnóstico: “Los niños con diabetes tipo 1 pueden tener una vida totalmente normal si cuentan con acompañamiento del equipo de salud”.
También subrayó que los hábitos son importantes, pero no únicos determinantes: “Hay muchos factores que influyen en el exceso de peso. Sin embargo, trabajar estilos de vida saludables en familia ayuda tanto en la prevención como en el tratamiento”.
Y agregó: “No hay que individualizar al niño. El entorno —la familia, la escuela, lo social— también forma parte del proceso”. En esa línea, destacó que los cambios deben surgir desde el ejemplo, el juego y la información.
Sobre la alimentación, remarcó: “Una dieta saludable debe ser igual para todos los niños, tengan o no diabetes. La actividad física y la vida social no son algo distinto o raro, solo hay que entender que es una condición que requiere tratamiento”.
Finalmente, hizo hincapié en la educación y el acompañamiento familiar, la construcción de vínculos saludables con la comida y el manejo de las emociones como pilares para el bienestar a largo plazo.
Luz Toledo: convivir con diabetes desde la infancia
La joven sanluiseña recordó el proceso de adaptación tras su diagnóstico de diabetes tipo 1 a los cinco años. “No lo recuerdo, pero recibir esa noticia para cualquier padre debe ser un proceso doloroso”, expresó.
Sobre los primeros signos, relató: “Mis papás notaron que tomaba mucha agua, iba mucho al baño y tuve una bajada de peso muy marcada”.
Destacó especialmente el rol de su familia, que buscó información y redes de apoyo, incluso vinculándose con agrupaciones de Córdoba y participando en campamentos para niños con diabetes.
“El recorrido no fue fácil, sobre todo en la adolescencia, que ya es una etapa compleja. Hay momentos de enojo y frustración, pero no siento que sea un limitante”, señaló.
También hizo referencia al impacto emocional: “El proceso puede ser duro y tiene altibajos. El vínculo con la comida y las emociones influye mucho, pero lo que hacemos hoy impacta en la salud futura”.
“Entendí a la diabetes como una compañera de vida”, resumió. Y añadió: “Es una cuestión integral, donde influyen tanto la alimentación como lo emocional”.
Desde su experiencia, recomendó a las familias buscar acompañamiento profesional y redes de contención. También destacó la importancia de la alfabetización en diabetes: “Informarse es clave para saber cómo acompañar, crear entornos amigables y reaccionar ante distintas situaciones”.
Dónde acudir
Lucero invitó a las familias que tengan dudas a acercarse a los centros de salud de toda la provincia, como el Hospital Pediátrico y hospitales de referencia, donde equipos interdisciplinarios pueden brindar asesoramiento y realizar los controles correspondientes.