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El papá de Angelito perdió el plan social y hace changas en Buenos Aires para poder vivir

El bebé tuvo que nacer en la capital porteña porque ahí sí garantizaban su supervivencia. Desde entonces los especialistas lo atienden en el Garrahan. Superó los peores pronósticos y ya celebró su primer añito. Su familia necesita una asistencia urgente, porque con el hijo más pequeño viven el día a día.

El bebé lleva un año luchando por su vida. Hoy los médicos aseguran que hay una evolución.
por El Chorrillero / San Luis
Actualizada: 18/04/2018 10:38
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Cuando Karen Sandoval tenía seis meses de embarazo detectaron que su pequeño nacería con problemas de malformaciones genéticas múltiples; entonces los médicos de San Luis gestionaron su traslado para que el parto ocurriera en Buenos Aires. Allá los mejores especialistas en neurocirugía recibieron al bebé que llegó al mundo con una salud muy frágil. Tenía solo el 5% de probabilidades de vida.

Sin embargo Ángel Amadeo siempre superó las intervenciones (en su cabeza y en labio y paladar). Tras la última operación estuvo internado 45 días, y hace alrededor de una semana que le dieron el alta ambulatoria.

“Está evolucionando muy bien, ahora nos dejan ir a San Luis pero en mayo tenemos que regresar. Él tiene controles constantes, no puedo dejar de agradecer todo lo que hacen en el Hospital”, contó la mamá de 24 años en una entrevista que ofreció al elchorrillero.com.

Los padres del bebé que tienen domicilio en la capital sanluiseña están pasando “una situación económica difícil”, y la “pelean” día a día. Karen consiguió que el Ministerio de Salud de la provincia le pague los pasajes hasta Buenos Aires y que también le cubran la estadía en un hotel.

La salud del hijo más pequeño movilizó al padre, Leonardo Vásquez, a tener que salir a buscar trabajo en la ciudad porteña y sostener los costos de vivir en otra ciudad. “Hace unos días cubrió un franco en un bar lavando vasos. Él se las arregla cada día, pero sigue buscando trabajo de lo que sea”, contó.

Angelito se recupera de la segunda intervención en el Garrahan.

La mujer negó que el Gobierno puntano le haya dado algún subsidio: “Eso es mentira, no nos dieron nada, ni siquiera una bolsa de mercadería”. Inclusive contó que a su esposo le dieron la baja del plan social “Pañuelos solidarios” que le habían otorgado “hace un montón”. Al parecer los funcionarios no contemplaron que el hombre tuvo que abandonar San Luis para seguir de cerca la evolución de su hijo.

“Hace dos meses que le dieron la baja, y aunque el ministro nos confirmó que lo iba a incorporar, la plata todavía no está”, remarcó la joven.

Para que Angelito tenga la leche y los pañales todos los días, los papás deben hacer esfuerzos, golpear puertas y presentar papales.

La Casa de San Luis fue uno de los lugares donde acudieron a pedir ayuda: “Cuando fui me mandaron al Gobierno de la ciudad para pedir una tarjeta que te dan y puedas comprar mercadería, pero solo la tuve dos semanas. Después me dijeron que no me la daban más y que debía pedirlo en la provincia donde tenemos domicilio, porque deben asistirnos”.

“Vengo peleando para que me den dos latas de leche, para que me ayuden, y no consigo respuestas”, se lamentó una madre que solo se aferra a la esperanza de tener a su hijo con vida. “La pasamos muy mal, nos sentimos muy desamparados, no teníamos cómo subsistir”, remarcó.

Pero Angelito no puede esperar, y el gasto semanal para que esté alimentado, es alto.

La familia lleva contabilizados 14 viajes a la capital argentina: “Y solo en lo que va del año ya viajamos 4 veces. No siempre nos dan los pasajes. Cuando vuelva, otra vez iré a Terrazas, porque necesito que contemplen la situación de mi bebé. Lo necesitamos realmente”.

Mamá y papá saben que su hijo será sometido a muchas otras operaciones y que el Garrahan deberá ser para el pequeño su casa por un largo tiempo. Pero también saben que cuando vuelvan a la provincia tendrán que salir “a pelearla nuevamente”. No tienen casa propia, el alquiler lo dejaron de pagar, pero van a necesitar un lugar donde vivir.

Las gestiones ya no pueden esperar. Los derechos para una asistencia digna tampoco deberían tardarse más.

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