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“Un compañero le daba la droga y él la vendía a los chicos del pueblo”

La acusación la hizo la joven de 20 años que denunció a su ex pareja, un policía que trabajaba en la Comisaría de La Toma.

por El Chorrillero / San Luis
Actualizada: 27/05/2018 08:48
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En la denuncia pública, Anabella Amaya también acusó la inacción de los efectivos de esa localidad y a los de Tilisarao. Puntualizó que existía “un código miliciano” y que no podían violar; por eso no querían actuar cuando ella necesitaba ayuda.

La joven dijo tuvo acudir a las redes sociales para que la Justicia y la Fuerza actúen.

“A partir de agosto del año pasado empezaron las discusiones, los celos, a mentirme. Empezaron las adicciones y empezó a irse de las manos”, relató la chica en declaraciones a la prensa.

También puntualizó que el policía “empezó con la droga a través de un compañero”, que “se la daba y él la vendía a los mismos chicos del pueblo”. Dijo que “consumía marihuana y cocaína”.

Se supo oficialmente que Jonathan Amaya, hijo de un excomisario y sobrino de una actual autoridad policial, fue puesto a disponibilidad recién el 18 de mayo y le retiraron el arma reglamentaria después que un estudio determinara que no era apto para portarla.

Sin embargo, se desconoce si la Policía o los organismos judiciales iniciaron una investigación para confirmar un delito grave como la supuesta venta de drogas por parte de los uniformados a los jóvenes.

“Sabían los problemas que venía pasando, por el alcohol y las drogas. De un principio necesitaba apoyo de la Policía y nunca llegó. Acá en Tilisarao convivíamos y a las 11 lo iban a buscar con el móvil, iba a trabajar borracho”, relató Amaya durante una entrevista al periodista Daniel Rodríguez para el programa Mediadores en red.

Explicó que por esos problemas lo mandaron a Naschel, después a Villa del Carmen y luego a la Caminera “donde empieza con las drogas”. Aseguró que primero consumía marihuana “pero después empezó con la cocaína y eso lo llevó a perder la cabeza”.

“Él tenía muchas causas anteriores, no aguantaba mucho tiempo en un pueblo porque se mandaba macanas y lo tenían que trasladar. Había muchas quejas de la gente, atendía mal, era agresivo, se enojaba con alguien y lo llevaba al calabozo a golpearlo”, también declaró.

Amaya tiene orden de restricción de acercamiento en un radio de 300 metros, con apercibimiento de arresto ante el incumplimiento.

El lunes tendrá un encuentro con la jueza de Familia y Menores de Concarán, Daniela Estrada.

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