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La historia de los alumnos que cruzan las aguas de un río en San Luis para ir a la escuela

Junto a ellos, al menos unos 60 pobladores son los protagonistas de una odisea diaria. Pero también lo son porque están aislados y sometidos al peligro cuando las aguas crecen. Para comprar los alimentos o para acceder a la salud deben atravesar el río Cañada Honda porque hace 15 años que esperan un puente.

por El Chorrillero / San Luis
Actualizada: 06/08/2018 00:12
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La vida de muchas familias de Paso del Rey tiene un obstáculo que superar todos los días, y se convierte en un riesgo particularmente cuando el río crece, y mucho más cuando es invierno. Todo eso pasa porque no hay un puente en el río Cañada Honda. Ahí sí parece existir la postergación y el olvido.

Si bien durante algunas épocas del año el badén que lo atraviesa se cubre por un flujo normal de agua que permite el paso de los vehículos; en otras suele transformarse en un serio peligro que se refleja cuando el “río tapa el lomo de los caballos”, o cuando los autos se quedan varados.

Desde hace muchos años, la principal preocupación son los chicos que no tienen opción y deben atravesar ese pedazo de río para ir a estudiar. Son los hijos de esas familias que ya se acostumbraron a quedar aislados y a la espera de un puente que les mejore la calidad de vida.

Todos creen que el puente significaría “un cambio para los habitantes”, sin embargo hace 15 años que están a la espera, en la intimidad del campo y de los montes, en medio de un lugar que pocos parecen estar mirando.

Lo que duele son 5 niños: tres de 5 años, uno de 8 y otro de 12. Todos viven del otro lado de Cañada Honda y son alumnos de la Escuela Nº 146 “Granadero Tomás Cuello”. No les gusta faltar y por eso al aula llegan con los pies y sus ropas húmedas. El deseo es tener un puente para no se sienta tanto el frío de este invierno.

Pero como la situación se ha vuelto costumbre, ya saben que de cualquier manera que crucen, en la moto con sus padres o a caballo, inevitablemente el agua los va a mojar.

Hace poco más de un año, la imagen de Eugenia publicada por El Chorrillero pasando el río caminando con su moto al lado y su hijo Germán mostró una realidad cruel. Pero desde entonces nada cambió. Y la vida sigue siendo la misma, porque la solución no llegó.

Mojada hasta la rodilla, alguien le tomó una foto a la mujer cuando cruzaba, una de las tantas mañanas, las aguas de Cañada Honda.

Así, la historia se hizo viral. Mostraba lo que a nadie le gustaría ver y era la síntesis del esfuerzo que hacen en las zonas rurales para superarse y no resignarse a una vida sin educación.

Las familias Fernández, Barroso, Sosa y Coria trasladan a sus hijos cada mañana en recorridos de hasta dos horas y con temperaturas bajo cero. Y como la naturaleza los sorprende constantemente, muchas veces cuando llegan hasta el río se encuentran con la imposibilidad de pasarlo.

No hay un lugareño que no haya sufrido las mismas angustias y no conozca en profundidad la problemática. “Ellos tienen muy arraigada la cultura de la educación y no les gusta que sus pequeños falten a la escuela o se atrasen en sus actividades”, describió una vecina en diálogo con elchorrillero.com.

Cuando el cruce les complica la vida escolar a los niños, desde la institución preparan tarea para toda la semana y se la entregan a los padres “que cruzan a riesgo de que se los lleve la corriente”.

Los que conocen el lugar dicen que “hay que ser muy baquiano para animarse a pasarlo” cuando el agua tiene fuerza. A veces logran atravesarlo con los niños, y entonces se quedan toda la mañana acompañando a sus hijos en el establecimiento.

Cuando la corriente está muy fuerte, la gente tiene que arriesgarse de todos modos para pasar y comprar la mercadería e insumos necesarios, porque saben que quedarán totalmente aislados si llega alguna crecida.

Once niños asisten al establecimiento.

Son aproximadamente unas 60 personas las que padecen la ausencia de un puente. Hoy viven alejados de la salud, de la escuela y de la provisión de alimentos.

“Una ambulancia no puede pasar y lo más cercano en salud es El Trapiche, localidad que a estas personas les queda a unos 50 kilómetros de distancia”, comentó la vecina.

Durante el último verano una mujer fue mordida por una serpiente. Su marido la subió al auto e inmediatamente tomó rumbo hacia el centro de salud, pero cuando llegó al río se encontró con que era prácticamente imposible cruzarlo. De todas formas lo hizo para salvar la vida de su esposa, aunque “casi se lo llevó el agua”.

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