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Historias de San Luis: juegos de niños

Por Nino Romero.

Historias de San Luis.

por Nino Romero

elchorrillero.com

Actualizada: 25/04/2021 00:11

El domingo anterior evocaba los carnavales, que habíamos vivido no hace mucho tiempo.

Eso generó una cantidad de recuerdos, relacionados a juegos de niños, principalmente varones, y de no hace mucho tiempo también.

Por supuesto que también escribiremos sobre los juegos de niñas.

Por ejemplo: ¿Quién no ha jugado un partido de fútbol con sus amigos y vecinos en las calles de tierra y a la hora de la siesta?

Por supuesto no se puede generalizar, pero era una práctica muy difundida no hace muchos años.

Uno no se olvida de los gritos de los vecinos, de algún vidrio roto o de la pelota que cayó a un techo bastante complicado para subir.

Arcos con palos marcados por dos piedras, o la camisa o remera arrugada de algunos de los jugadores. Y el travesaño era imaginario.

¡Qué líos se armaban con que pegó en el palo o fue alta o fue gol!

Y ese tremendo alboroto alteraba más a los vecinos que no comprendían que nos estábamos jugando el honor del barrio en cada jugada.

Pero no importaba. Seguíamos hasta dónde podíamos.

Y si no se terminaba el partido, que era a 10 goles no por tiempo, la seguíamos otro día. Pero eso sí: tenían que ser los mismos jugadores, y en lo posible, la misma cancha calle.

Y aparecen también las carreras de autitos.

Pero no esos de colección, caros, que no habían aparecido.

Eran autos de plástico que debían recorrer un riguroso circuito al que actualmente no se le animaría un piloto de fórmula 1.

Todo estaba controlado. Y también penalizado.

Por supuesto que los motores eran nuestras manos que hacían rodar el autito tratando de pasar al que iba adelante.

Debíamos cuidarnos no irnos de largo en la curva, o salirnos de la pista.

Y ojo con darnos vuelta en alguna subida.

Todo estaba penalizado con uno o dos o tres tiros menos, por lo que quedabas en la cola o te sacaban algunas vueltas de ventaja que eran imposibles de recuperar.

Por supuesto que la pista era construida por nosotros con nuestras manos y uñas, que quedaban negras, y la ayuda de los elementos que encontráramos a mano para marcar correcta y claramente el recorrido.

¡Qué me venís a hablar ahora del circuito en Dubái!

Un poroto al lado de nuestros circuitos de tierra callejeros. Hasta había sectores con barro, como si fuera también un complicado rally.

Y se pactaba a cuantas vueltas corríamos, las penalizaciones y luego: que las rodillas aguanten.

Las peladuras en las rodillas eran el testimonio del esfuerzo.

Y nos quedaba la bronca si habíamos perdido en el último tiro por una rueda, o si por apurarnos nos salimos de la pista y quedamos al último.

Y cada autito se diferenciaba claramente del otro porque “los preparábamos en nuestros talleres en casa”.

Pintura llamativa, el número, y a veces masilla o un plomito adentro si eran livianitos, para que no se salieran de la pista o “tuvieran mejor agarre” o sea “efecto suelo”.

Juegos de niños de no hace tanto tiempo.

Seguiremos con muchos más. Y si no entendés del todo de que se trataban, preguntale a alguien de la familia que seguro los vivió y los recuerda con una sonrisa.

Y te va a contar muchos más. No tengas dudas. No fue hace mucho tiempo.

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